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Mensaje por Ryunosuke Kiyowara Miér Oct 26, 2016 3:27 pm

-Te lo repetí toda la semana, así que levántate-La voz de su madre era como un taladro insistente que no parecía tener intención alguna de callarse, aunque trataba de ignorarle manteniendo una almohada sobre su rostro resultaba totalmente inútil, la mujer, inconforme con la apatía constante de su hijo no estaba dispuesta a parar. El moreno bufó, se levantó y lanzo una mirada en la que la exasperación era casi tangible directa a su madre, quien no titubeo en sostenérsela, por intimidante que para una persona externa pudiera resultar que alguien te mirara de esa forma, ella no se inmutó. Un momento después, el arma termino por rodar los ojos-Ni siquiera es tan tarde-Musitó con molestia mientras comenzaba a arreglarse para salir y la contraria salía satisfecha. Lo cierto es que no lo había olvidado, no, no podía olvidar algo tan tedioso.

Tenía bien en claro que se suponía era importante, pero las visitas oficiales a la casa de los Tomoyuki últimamente le resultaban en extremo aburridas y sin sentido, al menos para su persona. Era obvio que se hacían más por rutina que por una necesidad real. No era que le desagradaran los brujos a los que se suponía debían servir, por el contrario, aquel matrimonio era más cercano a él que muchos de sus tíos de propia sangre, no tenía problemas con visitarlos de vez en cuando. Sin embargo, eran ese tipo de visitas en especial, como la que tenía que hacer hoy, las que le molestaban. Horas y horas de charla formal sobre asuntos “oficiales” o algo así, lo cierto era que no estaba muy enterado gracias a su contante ausencia en las mismas, algo que tendría que ser importante y de utilidad… si en verdad hubiese cosas que discutir. Su labor principal se basaba en proteger a la familia de brujos de cualquier cosa que significase una amenaza para ellos, pero más allá de algún otro perro del Shibusen cada tanto, no había mucho más de lo que preocuparse. Así bien, las charlas le parecían solo habladuría de rutina. Pensaba en ello mientras cabalgaba de mala gana a lado de su padre, y a pesar de ser un trote ligero y sin prisa, no tardaron demasiado en llegar a su destino.

Por molesto que estuviese, solía suavizar bastante su actitud con la pareja de brujos que en ese momento los recibió, era algo natural, casi un reflejo. El matrimonio era en extremo amable y había pasado por mucho… demasiado, estaba seguro de que la melancolía nunca abandonaría la mirada de aquella mujer de expresión tan amable. Su padre y él saludaron formalmente, una leve reverencia y voz firme, como se supone tenían que hacerlo, solo para que luego pequeñas risas llenaran el lugar y el saludo cambiase por uno más alegre, un par de palmadas en la espalda y las típicas preguntas de cómo se encontraban, más parecido a una reunión de amigos que a una de trabajo-Yo voy a ir a dejar a los caballos… entro en un momento-Dijo, tomando las riendas de ambos animales y mirando de reojo a los adultos presentes, su padre lo miro dudoso antes de suspirar-Ryu… UN momento ¿De acuerdo? En serio. No tardes-El moreno asintió y se encamino a los establos, sin intención alguna de volver adentro.

Acarició un poco a su yegua a manera de despedida y salió sin mucha prisa del establo, miro al bosque y luego a la casa “Supongo empezaran pronto…” Fue lo último que pensó antes de encaminarse a la enorme arboleda.

Sabía que no sería una sorpresa que terminara por no llegar, por eso mismo sabía que tampoco lo esperarían demasiado y empezarían sin él ahí sin hacer mayor alboroto al respecto, además del sermón tradicional que solía darle su padre cada que escapaba. Siendo que no le preocupaba en lo absoluto podía caminar a sus anchas por el bosque, tranquilo y en total silencio además de las voces de los pájaros y las ramas y hojas crujían a sus pies. Los arboles teñidos de tonos naranjos y rojos le parecían realmente agradables y le daban una sensación de apacibilidad que le provocaba perder levemente la noción del tiempo y empezar a considerar la opción de tal vez tomar una siesta por ahí, cualquier forma de perder un poco más el tiempo y así asegurarse cuando la estúpida junta hubiese llegado a su fin. Bostezo de forma amplia y notoria, sin reparo algo pues de todos modos no había nadie allí, al abrir los ojos algo bastante pequeño llamo su atención. Entre las muchas hojas que caían de forma suave al suelo, danzando en el aire había un pequeño pétalo rosado. Lo miro fijamente hasta que cayó al suelo, terminando por acercarse, agacharse y recogerlo.

En definitiva, era un pétalo de cerezo, era inconfundible, lo había estado viendo de cerca un buen rato, como si quisiera convencerse de lo contrario, pero no había pierde, no podía ser otra cosa. Arqueo una ceja, aun sosteniendo el pequeño pétalo, estaban en pleno otoño, los cerezos no eran raros en esa zona y tampoco es que fuera un experto en lo que a plantas se refería, pero hasta un niño pequeño sabía que los cerezos no estaban en flor en mitad del otoño… No había nada en flor a mitad del otoño, y aun así, la prueba de lo contrario permanecía en su mano. Impulsado por la curiosidad que el asunto le provocaba continúo caminando en la misma dirección en la que había caído el pequeño e inusual pétalo, solo para empezar a encontrarse más a su paso, mezclándose de forma extraña y antinatural con las hojas muertas de los árboles. Antinatural, tal vez esa era la palabra que había estado buscando para describir el asunto entero. Un sentimiento de ansiedad le invadía conforme avanzaba y tenía que suprimir el reflejo de llevar su mano al mango de su espada.

Cuando los pétalos sobrepasaban de forma notoria a las hojas que caían de los árboles el silencio de bosque se rompió con un quejido por parte del joven. Su vista clavada en su propio brazo izquierdo, mirándolo un tanto asustado, pero sobretodo, confundido. Una punzada, nada estaba cerca, nada lo había tocado y no estaba lastimado, pero aun así había sentido una punzada en su brazo… no, no había sido en su brazo, trago en seco, si tenía que especificar aquello había sido más como… como si esa marca motivo de su nombre hubiese sido la punzante y no su brazo por completo. Se quedó inmóvil, sin ver otra cosa más que dicha marca, sabía que tenía cierto significado, no podía ser una marca del todo natural, pero jamás había escuchado que alguna vez fuese a empezar a dolerle sin razón aparente, a menos que… levanto la vista, los pétalos aun presentes y eso no podían ser una coincidencia y ya ¿cierto? No tenía fundamentos para asegurarlo, pero había algo dentro de sí que se lo afianzaba. Era como si el lugar de donde fuese que provinieran los extraños pétalos le estuviese llamando a gritos.

Conforme avanza las punzadas y molestias en su brazo se hacían más contantes e intensas y a pesar que cierta parte de su sentido común le pedía que volviera a informar de todo eso a la casa, el impulso de seguir le dominaba por completo. No fue capaz de medir el tiempo que paso caminando así, por lo que se vio totalmente incapaz de decidir si fue demasiado o muy poco cuando por fin se detuvo. Un claro totalmente tapizado de rosa se mostraba ante sus ojos, en medio del bosque muriendo rumbo al invierno, aquel enorme árbol de cerezos que parecía estar en el centro de todo florecía como si estuvieran a mitad de abril.

Pero la mirada del arma no se vio atrapada por la belleza del lugar, ni tampoco por lo antinatural del escenario, no, su vista se mantenía, medio incrédula en el tronco del imponente árbol en flor, aun no estaba tan cerca, pero… podía jurarlo, había alguien ahí. Se quedó inmóvil unos segundos antes de empezar a acercarse lentamente, con cuidado. En efecto, era alguien, cosa que alarmo al moreno, frente a él se encontraba un chico totalmente inconsciente enredado de forma tan estrecha al árbol que uno podría creer que era parte del mismo, a simple vista, no parecía haber forma de sacarlo, incluso pensar en cortar de alguna forma parecía peligroso gracias a la forma que la madera lo envolvía. Pero no podía dejarlo ahí… ¿Por qué no podía? La pregunta surgió en su mente y a pesar de realmente no contar con una respuesta lógica o coherente, parecía irrefutable el hecho de que el chico no tenía que estar ahí. Tragó en seco y tal vez sin notarlo incluso mantuvo la respiración al acercar una mano al chico, respondiendo meramente al reflejo de tocarlo, como si lo necesitara para saber que no estaba alucinando.

Antes de lograr hacer un contacto real un dolor bastante más intenso que todos los anteriores recorrió su brazo, como si se estuviera quemando a fuego vivo y antes de siquiera poder retirarlo, ya había salido disparado con una fuerza considerable hacia atrás, como si algo acabara de explotar, se golpeó al caer y siendo que el estado de su brazo no cedía de momento, tardo un poco en reaccionar, en notar que el chico no estaba más en el árbol y ahora estaba tendido en el suelo al igual que él.

Se levantó de forma apresurada, la molestia en su brazo había vuelto a ser soportable y se acercó sin muchos titubeos al joven, tomándolo con cuidado en brazos, manteniéndolo en su regazo, estaba alterado y confundido, y en verdad no tenía la menor idea de que acababa de pasar pero de momento quería comprobar que no estaba sosteniendo un cadáver-¡Oye, despierta!-Le llamó levantando la voz, de momento, parecía respirar levemente-Oye…-Dijo de forma más calmada, mientras se tomaba un pequeño momento para mirar el rostro del albino, le era familiar de alguna forma, y algo le decía que tenía que saber de quien se trataba.
Ryunosuke Kiyowara
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Mensaje por Nishimura Tomoyuki Sáb Oct 29, 2016 4:07 pm

¿Cuanto llevaba en esa oscuridad? ¿Años? ¿Meses? ¿horas, quizás? Se sentía cansado aunque no sabía de que, no sabía dónde estaba ni cómo era, solo era consciente de su propia existencia, a la cuál ni siquiera le podía encontrar sentido. ¿Donde estaba? ¿Quién era? ¿Por qué no se podía mover? ¿Tenía un cuerpo siquiera? No estaba al tanto del paso del tiempo pero si que sabia que esas mismas preguntas se las llevaba haciendo durante un tiempo considerable, no recordaba nada antes de esa situación, de la oscuridad total y la absoluta soledad. No sabía si siquiera tenía cuerpo, no sabía nada, solo que estaba. Pero podía sentir algo, una palpitación que siempre variaba, aunque no lograba recordar dichas variaciones, tampoco podía interpretarlas. Pero ese día, fuese cuál fuese, las sintió más fuertes

Abrió los ojos de golpe, crack, se oyó, o eso creyó oír cuando sintió los latigazos de la madera del árbol al romperse de golpe, sin lastimarlo de forma notable. Cayó al suelo de forma seca, todo el ruido que escuchó repentinamente al abrir los ojos(Que ahora volvían a estar cerrados) y que le pareció un huracán, se había callado. Aves, pensó, cuando pudo comprender los sonidos ahora más suaves que se oían. Le dolía la cabeza como nunca, y poco a poco los últimos recuerdos que tenía iban apareciendo. Había fuego, gritos, su familia corriendo como loca por todas partes, y él siendo forzado a avanzar al bosque apenas irrumpieron en su cuarto. Soltó un quejido bajo, pero no tenía fuerzas siquiera para eso. También sentía una molestia en la espalda, punzadas, una palpitación, que tardó en relacionar con su marca de nacimiento, aunque estaba tan mareado que no pensó en ello más de unos segundos. Entreabrió los ojos levemente, pudo distinguir su propia mano, más grande de lo que la recordaba a decir verdad, además de una silueta unos metros delante de él, aunque volvió a ceder al cansancio y cerró los ojos. Sintió como alguien o algo lo movía, y por alguna razón tuvo una sensación que no recordaba de qué era, pero la sentía familiar.

Se vio forzado a permanecer un tiempo así, el cuerpo no le permitía hacer mucho más. Abrió los ojos una vez más, ahora pudiendo distinguir mejor lo que lo rodeaba. Estaba en el bosque, debido a lo último que recordó y a lo familiar que le resultaba todo dedujo que era el bosque que pertenecía en gran parte a sus padres, además deseó no estar equivocado. Le llamó la atención el paisaje otoñal en el cuál contrastaba notablemente un cerezo en flor, con el tronco destrozado, pero no pudo pensar en ello, en lo raro que se veía,  o relacionarlo con nada. Giró la cabeza para mirar a fuese quién fuese que lo estaba sosteniendo, un chico moreno, que le sonaba de algo pero realmente no podía permanecer concentrado en las cosas más que unos pocos segundos.

¿Quien…?¿Que…? —Fue todo lo que pudo balbucear, sentía la garganta seca, y rápidamente volvió a caer inconsciente.

La próxima vez que abrió los ojos ya no estaba en el bosque, algo que supo antes por los sonidos que ya no escuchaba y por como no sentía la brisa propia del exterior. Se dio cuenta que la ropa que traía antes le apretaba porque ya no la llevaba, en cambio llevaba una yukata blanca de lo más básica, puesta de forma desprolija, probablemente solo para que lleve algo que le cubriera todo el cuerpo. Se quiso levantar, quizás de una forma un poco brusca pues instantáneamente le dio una punzada en la cabeza. Se recostó, esperó un momento, y se volvió a levantar de forma más tranquila, inspeccionando alrededor con la vista. Estaba en su cuarto, que permanecía como lo recordaba. Se miró las manos, ahora notaba de verdad la obvia diferencia.

¿Cuánto tiempo pasó? —Se preguntó a sí mismo, y el tono de su voz que, aún siendo algo femenino dentro de todo, había madurado y le decía que había pasado mucho.


¿Nishimura?


Fue lo que oyó, la voz de una mujer, y sintió que quería llorar. La reconocía bien, pero se dio la vuelta lentamente aún así, solo para encontrarse a sus padres en la puerta del cuarto. No sabía muy bien que cara había puesto, pero supuso era similar a la que traía su madre ahora mismo, solo que cuando ella corrió a abrazarlo como la madre que no había visto a su hijo en 10 años que era, él tardó más en reaccionar, antes de sentirse repentinamente vulnerable y echarse a llorar mientras también la abrazaba. La había extrañado mucho, aunque no supiera del todo como si no sabía cuánto tiempo había pasado. Su padre se unió al abrazo, y aunque le pareció ver a más personas detrás de ellos, no dio cabida a ello entre todos los otros sentimientos que comenzaban a aparecer nuevamente tras tanto tiempo.

No se molestó en pensar en que tanto tiempo permanecieron así, pero tras que se separaran su madre le explicó rápidamente que había estado desaparecido durante 10 años y la mayor parte de la gente ya lo daba por muerto, mientras le acariciaba el rostro con delicadeza como si no acabara de creerse que estuviera ahí en serio. Le comentó que estaban discutiendo sobre asuntos oficiales cuando Ryu(Fuese quién fuese, aunque Nishi asumió que era el chico que vio durante sus pocos segundos conscientes en el bosque), y luego solo lo abrazó de nuevo diciéndole lo mucho que lo había extrañado y como le aliviaba tanto saber que no estaba equivocada al creer que continuaba vivo, aunque no entendía muy bien todo, le hizo sentir bien que su madre no lo creyera muerto.

Tras un rato considerable de reencuentro, le dieron algo de comida y bebida para que recuperara las fuerzas que no tenía, nadie le había preguntado que le había pasado aunque lo agradecía, quizás el otro ya lo había comentado, y mejor porque aunque le hubieran preguntado a él no tenía idea de que había pasado realmente. Estaba sentado en el futón del cuál no había salido, sus piernas cubiertas por las mantas y bebiendo sin ganas algo que no estaba seguro de querer saber que era, aunque no tenía sabor, no se veía como agua, cuando oyó la puerta abrirse. Miró de reojo a la puerta, dónde estaba parado el chico moreno de hace un rato. Solo lo miró con una expresión neutral, no es que tuviera mucha idea de qué hacer.

¿Quién...eres?

Preguntó de forma insegura lo primero que se le vino a la mente, ya sentía la voz bien ahora que había bebido algo, pero no estaba seguro de lo que debía hacer a continuación, o como actuar, aún con toda la situación dándole vueltas en la cabeza.
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Mensaje por Ryunosuke Kiyowara Dom Oct 30, 2016 3:48 am

Casi dio un respingo cuando el albino respondió (O al menos lo intento), aun si fuera solamente para volver a perder el conocimiento. El chico se veía mal, estaba seguro que estaba más pálido de lo que debería aun si su condición natural era así, ni hablar de su peso, la ropa gastada y que no le quedaba en lo más mínimo tampoco ayudaba a su imagen… pero estaba vivo. De momento ese pequeño detalle era el que le importaba, tenía que volver a casa rápido, fuese quien fuese estaba seguro de que tanto su padre como los brujos ayudarían. Pensaba en lo mucho que hubiese haber traído a Nari esta vez cuando su mirada, a pesar de la urgencia de la situación, se plantó en el rostro del chico una vez más, como si de alguna forma no fuese capaz de despegarla, en verdad era familiar, pero…

-Tiene que ser un chiste…-Musitó entre dientes frunciendo levemente el ceño-Carajo… en serio…-Maldijo por lo bajo, mientras el apuro que sentía por llevar al muchacho de regreso a la casa aumentaba de forma ridícula. No había duda, si bien jamás había interactuado realmente con él, estaba seguro, no había forma de que cualquiera que pasara tiempo suficiente con los Tomoyuki no lo llegara a reconocer, incluso si era solo gracias a las fotos que sus padres aun conservaban. Tomó aire, no había tiempo para detenerse a asimilarlo, se lo acomodo como pudo en la espalda “Demasiado ligero” fue lo primero que pensó al levantarlo-No mueras en el camino ¿Quieres Nishimura?-Musitó para sí y se puso en marcha.

Iba tan rápido como podía, con cuidado de no tropezar o no agitar demasiado al brujo que cargaba, de momentos parecía dejar de sentir la débil respiración del contrario, pero de alguna forma imposible de explicar, aun con ello, podía saber que seguía con vida, simplemente lo “sentía” No estaba muerto… o tal vez la situación le estaba afectando más de lo que desearía. Mientras caminaba su mente se llenaba de interrogantes, mismas que le acosaban de forma insistente impidiéndole pensar de forma clara-Las caras de todos van a ser un poema en cuanto te vean, créeme…-Soltó “hablando” con el chico inconsciente en su espalda, más como cuando le hablas a un animal u objeto, consciente de que realmente estás hablando solo, pero al menos le ayudaba a no pensar en el millón de preguntas en su cabeza, mismas que no tendrían respuesta hasta que llegaran.

Las memorias que tenía respecto al chico realmente eran pocas y difusas, pero el incidente había sido un antes y un después para cualquiera que estuviera involucrado con la familia de brujos, por lo que no era algo ni alguien que uno pudiera olvidar con facilidad. “Es nuestro deber y responsabilidad mantener a los Tomoyuki a salvo” Eran las palabras que le había dado su padre una y otra vez, pero que había pronunciado por primera vez aquel día que fue la primera visita totalmente a conciencia y “oficial” para el pequeño a la casa ajena, eso lo recordaba bien, pero también podía recordar al niño con el que no pudieron ni presentarlo de forma correcta. Recordaba que lo había evitado bastante y que él tampoco había hecho un esfuerzo por acercarse y se había acomodado con la distancia que el otro marcaba, casi encontrando una zona de confort en estar solo de aquella forma. Así que no podía decir que conociera a Nishimura Tomoyuki más allá de lo básico. Y por frío que pudiese sonar, no le guardaba cariño ni había resentido de forma real su perdida, si había sido un incidente desagradable y angustiante para el moreno, era únicamente por la empatía que compartía con los padres del chico y los propios, especialmente su madre, quien al menos a su parecer, había sufrido la pérdida de su hijo más que cualquiera.

La casa aún estaba algunos metros adelante, mas era totalmente visible, apresuro un poco el paso para llegar de una vez por todas, tal vez ahora si tuviesen un tema importante que hablar en su estúpida junta-¡Papá!-Gritó bastante fuerte, esperando que su viejo lo escuchara y terminara por salir, no quería tener que entrar a la casa (De tamaño considerable) A buscar a todos. Logro su objetivo cuando el hombre se asomó por la puerta-Ryunosuke te dije que…-Su tono firme y exasperado se cortó de golpe, mirándolo casi como si estuviera viendo un fantasma, y probablemente el brujo en su espalda fuera algo parecido-Yo… ¿Lo encontré? -Dijo, de forma agitada y jadeante por la carrera, su padre no pareció reaccionar hasta que unos segundos después los padres del brujo aparecieron, haciendo algún comentario sobre su escapada al menos hasta que los vieron también.

Tomo un par de segundos, pero cuando todos lograron reaccionar la conmoción se apodero del lugar, su padre y el de Nishimura ayudaron a quitárselo de la espalda, sus padres no paraban de revisarlo y mirarlo, las lágrimas salían de sus ojos y a Ryu le parecía casi irreal, después de todo jamás pensó que vería algo así… probablemente ellos tampoco. Su padre se limitó a sonreírle y revolverle el cabello, tal como hubiera hecho cuando era más pequeño-Buen trabajo-Le susurró antes de acercarse a la recién reunida familia, insistiendo en ayudar. “Aunque realmente no hice nada” Pensó de forma aislada, mientras imitaba su padre y trataba de ser útil de momento.

Bostezo de forma amplia, recargado en la pared de fuera del cuarto donde había terminado el chico, habían pasado un par de horas desde que habían llegado a la casa y las cosas estaban un tanto más… ¿Estables? Claro, si las comparabas con el caos inicial de todo el asunto. En algún momento había perdido la cuenta de las veces que la madre del brujo le había dado las gracias, a pesar de insistir cada vez en que no tenía nada que agradecerle realmente. Apenas habían atendido al chico como era debido la atención fue contra él, terminando en un impaciente interrogatorio de todo lo que había pasado, y aunque le resulto realmente molesto, no se quejó ni puso mala cara, no, respondió con cuidado y tratando de hacerlo lo más claro posible, aunque el mismo tenía dudas sobre un millón de cosas. Si resumía todo el asunto podía decir, primero que nada, que estaban todos casi tan confundidos como él. Le habían dado una explicación vaga sobre que la marca en su brazo y la de la espalda del albino estaban algo así como… ¿Conectadas? Aunque no llegaba a comprender que significaba eso totalmente, sin embargo, todos estaban de acuerdo en un detalle, dicha conexión y lo que había pasado no podían ser casualidades aisladas.

El alboroto volvió a la habitación apenas el chico despertó, se limitó a observar sin entrar a la habitación, apenas asomado por el marco de la puerta, más retirándose del mismo y volviendo a la pared apenas unos momentos después, era un momento íntimo de la familia, su padre estaba hi dentro, pero por algún motivo sentía que estaba mal si miraba, tomaron su tiempo, cosa totalmente justa, para rencontrarse como era debido. Ryu casi podía sentir la calidez del momento como propia y se preguntó si tal vez también necesitaba descansar un poco, pues la sensación rozaba lo raro, él no tenía por qué sentirlo de aquella forma, o al menos eso creía.

Pasó un buen rato hasta que, en la habitación, volvió a quedar el albino por su cuenta y el permanecía fuera de la habitación, en la pared, apenas a un lado de la puerta. No se malentienda, tenía curiosidad de todo el asunto, pero no se hubiera quedado ahí todo el día como había hecho si no tuviera que hacerlo. Sí, respecto a la “estúpida” junta, hubo una express y siendo que nadie sabía que podía significar haber sacado al chico de ahí, la vigilancia se aumentaba, sí, tal vez rozaba un poco la paranoia, pero iban a vigilar ese condenado cuarto por turnos probablemente un par de días enteros.

Se sintió en derecho de hablar con el chico también, después de todo, había sido él quien lo había sacado ¿no? Y era el quien tenía que darle vueltas a ese asunto mal explicado de las marcas, en resumen, tenía curiosidad, y fue esa misma curiosidad la que lo impulsó a abrir la puerta de forma lenta, mirando con seriedad al albino que se mantenía en su futon, inmóvil hasta que sus miradas se encontraron y el contrario le dirigió la palabra, tal vez por primera vez en toda su vida.

-Kiyowara…-Uso su apellido, siendo que tenía que serle familiar de alguna forma u otra, aun si no sabía quién era él exactamente-Kiyowara Ryunosuke-Agregó, con el tono serio que solía usar de forma natural-Yo… uhm te encontré en el bosque-Dijo con cautela, dudando un poco que se suponía que debía hacer o preguntar ahora, tal vez había sido mala idea, tal vez lo mejor hubiera sido quedarse afuera y esperar a que su padre y los de Nishimura se encargaran ellos mismos del asunto y las dudas-Probablemente no pero… ¿Tienes idea de que paso ahí?-Terminó por preguntar aunque ya esperaba una respuesta negativa, la curiosidad le carcomía.
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Mensaje por Nishimura Tomoyuki Mar Feb 14, 2017 11:12 am

Asintió lentamente. El apellido por supuesto que le sonaba, incluso el nombre, si mal no recordaba se trataba de aquel muchacho hijo de los amigos de sus padres, a los que cariñosamente llamaba tíos. En aquel entonces el moreno le daba miedo, la forma en la que lo miraba cuando estaba cerca, el aura enojada que en general desprendía, sumados a la inevitable timidez característica del albino en lo que respectaba a nuevas personas no habían ayudado a que se conocieran formalmente. Claro que ahora mismo podría darle miedo todavía, pero toda la situación aún le parecía muy surrealista como para preocuparse por si el niño que lo asustaba en la infancia aún ponía cara de matón, era lo de menos de hecho. Además, de momento parecía bastante tranquilo, probablemente estaba igual de confuso que él.

Bueno, supongo yo no necesito presentaciones, ¿Verdad?

No pretendía decirlo de mala manera, al parecer habían armado un escándalo alrededor de él apenas había sido llevado a la casa. Se llevó la mano a uno de los mechones de pelo blanco, cuando era pequeño prefería tener el pelo corto pues le resultaba más cómodo, pero era inevitable que tras tantos años en aquel árbol el cabello le creciera hasta llegar a sus rodillas, de modo que aunque era fino y nunca tuvo demasiado pelo, le caía en cascada por la espalda y reposaba en el almohadón que había estado usando hasta antes de levantarse. Tenía la mirada un tanto perdida en algún punto de la pared, el color ámbar de sus ojos resaltaba de forma particular cuando iba todo vestido de blanco. Se talló los ojos, tenía sueño a pesar de haber pasado 10 años dormido y otras cuantas horas desde que perdió el conocimiento en el bosque. Supuso sería algo normal.

No… No estoy seguro. Tengo los recuerdos algo borrosos y me duele la espalda.

Él asoció el dolor a los latigazos que dio el árbol cuando se soltó, los cuáles recibió casi todos en la espalda y brazos, pero sabía que había algo más, obviamente había algo más. Tenía dos marcas de nacimiento, que por supuesto no eran marcas normales ni mucho menos. La primera se encontraba en su muslo derecho muy cercano a la entrepierna, de modo que era visible solo para él. Era tenue y la marca de su familia, ya que sus padres y abuelos también la poseían, nunca le había generado problemas, era solo una marca. Y la segunda…

Pero según lo que me han contado... Tiene que ver con esto.

Se dio la vuelta lentamente, dándole la espalda a Ryu. La yukata estaba ya suelta de por sí, pues supuso se la habían puesto en un apuro, por lo que aflojarla un poco más y dejarla deslizarse por sus hombros. Se le marcaban de forma incluso espeluznante muchos de los huesos, como es lógico cuando pasas tanto tiempo con un árbol alimentándose de ti, pero eso no era lo que quería mostrar ni mucho menos. Lo que parecía un acto propio de alguien exhibicionista, tenía el fin de mostrar aquella marca de nacimiento que tanto ruido hizo en la familia en su día. Una grulla, el cual era a su vez su tema animal característico como brujo, totalmente negra, con las alas extendidas y una posición un tanto curiosa que parecía haber sido hecha para caber a la perfección en la espalda de Nishimura.

No estoy muy al tanto de todo...—Comenzó a decir tras un rato mostrando la marca, empezando a acomodarse la yukata nuevamente— Pero no hay que darle demasiadas vueltas para relacionarlo, supongo.

Ahora mismo no tenía los pensamientos muy claros, toda la situación le daba vueltas en la cabeza de forma constante. El día que desapareció, la forma brusca en la que despertó, el reencuentro con sus padres y tíos, y la sensación de volver a estar en casa nuevamente. Su habitación había permanecido prácticamente intacta, nunca había tenido muchas cosas de todos modos, pero se encontraba tal cual la recordaba. Aún así sentía que se olvidaba de algo...

¿Nishi?

Su madre apareció en la puerta echandole una mirada curiosa a Ryu, pues no esperaba encontrarlo ahí, pero tomó eso como algo normal y no dijo nada al respecto.

¿Te sientes bien como para salir? Hay alguien que quiere verte. Tu también puedes venir si quieres, Ryu.

Aunque a Nishi le tomó un poco levantarse en condiciones, ya que lo hacía lento para no marearse, con ayuda de su madre consiguió salir afuera. Caminar se sentía raro, probablemente porque en 10 años no le había hecho, pero no tardó en acostumbrarse de nuevo a la sensación. De hecho se sentía bastante bien volver a hacerlo. Llegaron a lo que en principio sería el jardín de enfrente, que debido a la extensión del territorio era solo la entrada al bosque. El columpio que su padre le había hecho cuando era pequeño seguía en el árbol más grande de esa pequeña zona cercana a la casa asumió que su madre lo había mantenido en buen estado, pues no era normal que se encontrara tan bien conservado sin que nadie lo usara en años. Se había amarrado el pelo en una coleta provisional, al menos hasta volver a cortarlo.

Lamento haberte hecho salir, pero no quería que hiciera un destrozo en la casa por la emoción.

A continuación silbó. Por el silbido podría parecer que estaba llamando a un perro, pero lo que se oyó fue un relincho y el sonido de cascos contra la tierra. Un caballo adulto, de pelaje negro y crin lacia, apareció al galope. Obviamente alguien lo había mantenido bien cuidado, ya que tenía en pelo tan brillante como él lo recordaba.

¿Duque?

El animal frenó justo antes de arrollar a Nishi. Daba pequeños saltos frenéticos y relinchaba de emoción, frotando el hocico contra el pecho y cara del albino, que se rió. Duque también daba vueltas alrededor del resto de presentes, también chocandolos con el hocico como si quisiera compartir su emoción, incluído Ryu, a quien también propinó un hocicazo en la mejilla antes de finalmente calmarse un poco y dejarse abrazar por Nishi, quién estaba a punto de llorar de nuevo. Duque había sido un regalo de su madre cuando era pequeño, era un caballo de trueno o algo por el estilo de modo que el paso de los años apenas parecía afectarle, probablemente tuvieron en cuenta lo mucho que iba a vivir Nishi. A fin de cuentas, ese caballo había sido de sus mejores amigos, y se alegraba de verlo de nuevo.
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