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Mensaje por Nicolas Green Lun Ago 04, 2014 10:42 pm

Avanzo en su forma canina como a él le gustaba llamarla, de alguna forma sabía que causaba ternura, pues aquellas miradas femeninas que se posaban en el decían cosas como “que tierno” o trataban de llamarle, era entonces cuando corría. Para alejarse de aquellas personas, no sentía ánimos de hablar con nadie, pero llevaba un buen rato perdido y tampoco quería tomar su verdadera forma, pues sabía de antemano que en aquel lugar no aceptaban ni querían a los magos ni brujas. Camino un rato, tenía hambre y sueño, hacia un par de días que no dormía debido a que no podía bajar la guardia y no había tenido dinero para comprar una ogaja de pan tampoco, unos días atrás un hombre le había dado un pedazo de carne, pero aquello le repudiaba, no podía entender porque algunos osaban comer la carne de los animales.

Siguió avanzando por un buen rato buscando un puesto de frutas, pero no daba con ninguno, al parecer tendría que ir al bosque para conseguir algo para comer, pues el pobre aun moría de hambre. Observo al frente y se encontró con algo intensamente sorprendente, en alguna ocasión había observado ese edificio a la lejanía, pero de cerca era aún más impresionante, algo que debía de admitir era que el hecho de que una escuela tuviera un cráneo al frente de esta era un tanto perturbador, pues anteriormente en sus viajes jamás se había encontrado con nada igual. Cerro los ojos y se sentó en las patas traseras, con la pata derecha rasco sus ojos tratando de enfocar con mayor precisión el gran edificio, avanzo hacia él y comenzó a subir las escaleras, veía como otros le miraban con ojos curioso, pues claro un perro de aquel color era demasiado llamativo, pero ahora que estaba aquí, en la escuela de caza brujos no tomaría su forma normal.

Cruzo las enormes puertas del lugar y observo las siguientes escaleras, fue entonces cuando un aroma llamo su atención, el delicioso aroma a la comida fresca. Comenzó a seguir el aroma ignorando todas las iradas que se posaban en el de a momentos, prácticamente con los ojos cerrados, solo guiándose por el dulce aroma a frutas, después abrió los ojos al encontrarse estampado contra una gran perta imposible de abrir solo empujando, así que rasguño la gran puerta pero nadie se apiadaba del ni trataba de abrir esta por él. Se sentó a un lado de la puerta con las orejas caídas y el semblante melancólico. Aun moría de hambre, y sabía que al otro lado de la puerta había comida, pero su espera termino cuando la puerta al fin se abrió, se giró hacia esta, pero la persona que veía le sorprendió, no tenía entendido que también los brujos pudieran estudiar en aquel instituto. Abrió los ojos como platos, esperando que el otro no le viera, si no seguramente le reprendería, aunque no estaba muy seguro de su reacción al reconocerlo.

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En busca de alimento [Pirv. N Armonia]  Empty Re: En busca de alimento [Pirv. N Armonia]

Mensaje por N Armonia Dom Nov 15, 2015 11:18 pm

Ese día había llegado con sueño a la escuela. Normalmente, él era una persona muy curiosa, enérgica y animada, alegre y divertida. Pero esa misma personalidad llena de vigor y vitalidad podía ser una falla en su persona, que terminara por pasarle factura, tal como sucedía en ese momento. Después de todo, ninguna persona era una  versión orgánica de una máquina de energía perpetua, nada, ni nadie, podía estar por siempre en movimiento continuo, de forma ininterrumpida, sin importar su energía y ánimos. Finalmente, todos necesitaban descansar; normalmente ese descanso, para las personas, eran durante las noches, donde dormían luego de una cena ligera, descansando sus cabezas en las cómodas almohadas que habían sido sus compañeras vigías durante mas o durante menos tiempo. Las personas usaban la noche como sinónimo del dulce abrazo de Morfeo, pero, el día anterior, ese no había sido el caso del joven de verdes cabellos.

El día anterior se había pasado casi toda la noche paseando por los jardines de los apartamentos donde Vivian. Bueno, un paseo era el motivo original de su ida, pero había terminado en una rehabilitación completa de la zona alrededor de su vivienda. Alrededor de su apartamento era un área linda y tranquila, cómoda para vivir, pero las pequeñas zonas verdes que poseía estaban descuidadas, algo sucias. Era completamente comprensible, el edificio era estrecho y alto, era una serie de apartamentos algo pequeños, en una ciudad grande y llena de gente, ajetreada hasta más no poder. Quienes iban ahí sabían que esa ciudad era un caos, y buscaban solo un lugar donde poder vivir de manera tranquila. El preocuparse por el exterior se volvía algo de segunda relevancia, si alguien quería un jardín bonito, lo construían en las ventanas de sus apartamentos que daban hacia la calle, y eso era suficiente para ellos. Solo por mencionarlo, la ventana que correspondía al apartamento del joven Armonía era una belleza que resaltaba incluso desde la calle, un macetero amplio en forma de barril cortado a la mitad y posicionado de forma horizontal, de donde flores blancas con líneas rosadas, pistilos amarillos como el sol y hojas verdosas con motas azuladas. Las flores que ahí crecían parecían casi irreales, casi artificiales, pero eran solo una curiosa variedad que el peliverde plantaba por diversión y su agradable aroma, resultando en maravillas naturales en medio de aquella calle llena de urbanización.

Pero bien, la noche pasada, el joven Armonía había salido a ver el alrededor del edificio. La tierra estaba maltratada por deshechos tanto físicos como químicos. Podía ver zapatos desgastados y dispares, botellas de plástico y latas de aluminio, hierbajos creciendo de forma irregular por el terreno. No era en realidad algo demasiado serio, algo normal en una ciudad con demasiada gente, pero para el peliverde, que había nacido entre la fragancia de la miel pura y las rosas, rodeado de los hermosos colores de la madera y las flores, ese lugar resultaba penoso, insultante para la madre naturaleza que le había dado cobijo en su tierra natal. Había suspirado, negando ante la negligencia de las personas, de aquella manera de faltarle al respeto a la tierra que le daba sustento, empezando a limpiar todo, arrancando las hierbas a mano y botando la basura, tratando la tierra con una minúscula porción de su magia, tan poca que no pudiera ser percibida, y finalmente plantando algunas cuantas semillas por la tierra, con la suficiente distancia y dejándoles lo mínimo de agua. Ante los primeros rayos del sol, el joven armonía sonrió y se retiró a alistarse para la escuela.

Ahora, en mitad de la clase de Sid-Sensei, estaba cabeceando, aguantando apenas. Había incluso recurrido a sacar algunas semillas de café de entre sus ropas, benditas indumentarias en donde se escondían decenas de especies diferentes de semillas cultivadas por el mundo, y se las había llevado a la boca, mordiéndolas y degustándolas para así sentir la amargura extrema invadiendo su paladar, despertandolo aunque fuera un poco.

La campana del receso sonó para su gran alivio. Tomo su mochila y se dirigió hasta la cafetería. Ahí mismo pidió agua caliente, para la sorpresa y la rara mirada de encargada de la cafetería, recibiéndolo y agarrando el mismo unos granos de café sobrantes de entre sus ropas y un pequeño mortero de su mochila, usándolo para aplastar los granos hasta molerlos un poco, dejándolos caer en el agua y mezclándolo con una cucharilla que había agarrado de un contenedor con otros cubiertos, bebiéndoselo de golpe sin azúcar o crema, puro. La sensación lleno su paladar y bajo por su garganta, sintiendo un escalofrió mientras abría los ojos soltando aire de golpe, sintiendo sus labios calientes y su esófago también, sonriendo mientras sentía el amargor  sobrecargar sus sentidos del gusto, haciendo amago de escupir pero resistiendo, ya totalmente despierto, sonriendo y sacando de su mochila un contendor lleno de verduras mezcladas, sonriendo y saliendo del comedor para ir a comer cerca de los árboles, como le gustaba.


-¿Ah?

Al abrir la puerta lo observo directamente, con los ojos curiosos que poseía por naturaleza, con una suave sombra que caía sobre estos hasta su nariz, haciendo lucir más sus ojos del color del jade. Frente a él había un cachorrito pequeño, de llamativos colores para cualquier tipo de can y de aspecto mullido, casi como un peluche. Se sorprendió al verlo, como si le resultara familiar, arrodillándose un poco, extendiendo su mano hacia él, pero sin tocarlo, invitándolo. ¿Por qué le sonaba tan familiar? ¿Sería alguna raza que había estudiado antes? No recortaba todas las que había leído, eran demasiadas, pero si recordaba muchas. Movió su mano invitándolo a acercarse, que lo olfateara para tener más seguridad, pero antes de que eso sucediera, los engranajes de su memoria se activaron y trabajaron, cambiando sus ojos de curiosos a alarmados.

-¡T-tu!

Su voz sonó un poco más fuerte de lo que pretendía, haciendo que alguna mirada curiosa cercana se girara para verle. Pero poco pudieron pensar sobre la situación antes de que el peliverde arrancara a correr repentinamente. Sus manos tomaron al pequeño can, tapándole la boca con una mientras le cargaba bajo su otro brazo, para acallar cualquier sonido que pudiera salir del hocico del animal. Casi parecía un secuestro exprés por la forma en que el peliverde había tomado al perrito, saliendo corriendo hasta la parte trasera de la escuela, donde había una pequeña zona arboleada, era pequeña, pero con suficientes árboles para que cubriera a las personas que se adentraran ahí de la vista del resto de las personas. Respiro agitado por la repentina carrera, dejando caer al perrito a un lado suyo, jadeando y doblándose por la cintura para apoyarse en las rodillas, mirando al perrito con uno de sus ojos mientras sus cabellos caían a los lados de su rostro, una cortina verdosa que caía de manera algo salvaje, mirando fijamente al perrito.

-¿Q-que rayos haces aquí? ¡Nicolas!
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Mensaje por Nicolas Green Lun Nov 16, 2015 7:38 pm

Se quedó ahí unos momentos con las orejas gachas mientras miraba al peliverde que parecía no haberlo reconocido, tal vez lo mejor era echar a correr de ahí mientras el otro seguía sin conocerle, seguro que después le echaba la bronca por estar ahí como si nada, lo sabía, lo conocía demasiado bien como para saber que sería reprendido por el mayor como cuando Vivian en la aldea. Cuando este se agacho ofreciendo su mano, Nicolás se acercó sin pensarlo dos veces colocando su hocico en la mano ajena esperando que este le diera algo de comida, podía olerla, aquel aroma era tan… atractivo para el chico que sin dudarlo trato de tomar una de las verduras pero estas le fueron quitadas del frente sin que pudiera llegar a probar bocado dejándolo con un amargo sabor de boca.

De la nada le habían levantado del suelo sin dejarle proferir sonido alguno, aunque sin negarlo tenías ganas de soltar un pequeño llanto por la molestia que sentía en el hocico, pero por suerte para el pequeño can este fue bajado una vez llegaron a un lugar más tranquilo por así decirlo. Una vez que le bajaron se lanzó casi de inmediato contra la comida del mayor mordiendo el trasto donde esta se encontraba de forma furiosa pero que parecía juguetona. Pero cuando escucho al peliverde gritar su nombre dio un respingo sobre sí mismo mirándole, se agacho un poco hasta quedar sentado sobre sus patas traseras y mirándole con arrepentimiento antes de soltar un ladrido para poderse comunicar. “ Lo siento, me he perdido y tengo hambre y frio y estoy sucio y me da miedo ir por ahí sabiendo que cazan magos. Abre esta cosa, tengo hambre. ” Se explicó entre ladridos, mientras empujaba el recipiente donde brotaba el aroma. Sabía que sería reprendido, pero por el momento lo que más quería era comer.

Miro hacia los lados aun sentado sobre sus patas traseras esperando porque el mayor lo alimentara cuando observo las nubes. Aquel clima era demasiado genial y sentía ganas de estirar las manos como un humano y no más como un perro, pero… ¿Era seguro volver a su forma normal ahí? Miro de reojo a N y después bostezo dejando salir la lengua y echándose sobre su cuerpo recostando el rostro en sus patas delanteras con las orejas caídas. Volvió a proferir algunos ladridos mientras trataba de comunicarse con el mayor. “ ¡Hey! Quiero tomar mi apariencia normal de nuevo ¿Puedo? ” pregunto mientras se giraba sobre sí mismo quedando sobre su espalda y con la lengua de fuera mirando de cabeza a N con algo de diversión.

Sinceramente el pequeño Nicolás jamás pensó que encontraría a N ahí mismo, después de todo hasta donde sabia este siempre estaba andando sin detenerse mucho en un mismo sitio, conociendo distintos lugares, es por eso que el mismo Nico había hecho lo mismo, porque siempre había admirado a su amigo y héroe de la infancia. Se volvió a sentar y se rasco detrás de la oreja con la pata izquierda, se sentía demasiado libre de hacer cualquier cosa ahí mismo, porque no era observado por un montón de personas y no había gente queriéndolo tomar en brazos diciendo lo lindo que era. Él no era lindo, era súper aterrador y poderoso.
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Mensaje por N Armonia Sáb Nov 21, 2015 12:46 pm

Se tomó del rostro, presa de la frustración y la incredulidad. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué estaba hasta ese lugar? De entre todos los lugares que había visitado, todos los países que había recorrido, todas las ciudades… ¿Por qué aquel brujo canino lo había encontrado en el epicentro de la caza de brujas? Aquella era la institución donde se entrenaban para cazarles, a su especie, eliminarles y consumir sus almas. ¿Qué rayos llevaría a Nicolás a ir hasta ahí? No terminaba de comprenderlo y eso le desesperaba aún más. Él sabía por qué estaba ahí, porque quería aprender más sobre Shibusen y la mejor manera era estando en ese mismo lugar, desde adentro. Pero… ¿Cuál sería el motivo de Nicolas?

Observo al pequeño cachorrito rojizo que era su amigo. Su forma animal no había cambiado casi nada desde la última vez que se hubieran encontrado. A lo mejor era un poco más grande y robusto, siendo aún una forma de un cachorro o perro pequeño, pero eso era más bien normal, después de todo sus formas crecían cuando ellos lo hacían, tal vez por reflejo de su edad, ya fuera física o mental, o quizás por su forma física normal, no podía dar un motivo único para ello, pero sabía era algo relacionado a ello.


-¿Cómo rayos te pierdes desde la aldea hasta acá? ¿Acaso igual ya saliste para tu acoplamiento? Agh, espera…  Ya, déjame lo abro

Se inclinó y tomo el recipiente, mientras pensaba la curiosa imagen que debía de dar. Primero, Nicolás seguía en su forma de cachorro, si le era posible entenderlo era únicamente por que era una derivación de sus poderes mágicos. Su poder con la naturaleza, le dejaba comunicarse con plantas y animales, podía entender a los animales y tratar con ellos, podía dar órdenes a las plantas e imbuirlas con su magia para que fuera posible que lo realizaran. Aunque en realidad, los animales manejaban un proceso mental muy diferente al humano, por lo que más que comunicarse con ellos, era como lograr una concordancia entre sus necesidad e intenciones, entre su instinto e impulso, y así lograr un estilo de “comunicación” que nada tenía que ver con hablar como lo estaba haciendo en ese instante con Nicolás.

Tomo el recipiente donde llevaba su comida, por suerte ambos eran vegetarianos, aunque eso era normal ya que era el estilo de dieta base de donde vivían y, cuando uno podía entender a los animales, comerlos se volvía mucho menos apetecible y pasaba a algo caso enfermizo. Quito las pequeñas agarraderas del contenedor y lo dejo abierto delante de Nicolás, mostrando el interior donde diversas verduras se mezclaban, cubiertas por un líquido de un color un poco diferente, una vinagreta, dejándola en el suelo para que Nicolás lo comiera, como si fuera solo una persona alimentando a su mascota.


-Si, por favor, mantén tu soul protect activo, por favor, pero vuelve a tu forma humana, se siente raro hablar contigo así

Suspiro de nuevo, tomándose la nuca y frotándosela un poco con la mano. Los nervios empezaban a pasarse un poco. Era peligroso que hubiera un brujo en Death City, pero que hubiera dos en medio Shibusen, eso era un suicidio en toda la extensión de la palabra. Debían de tener cuidado, sus Soul Protect activos y no usar su magia. El solo hecho de usar su protección de almas limitaba mucho sus poderes, ya que de ser alguno notorio se rompía su camuflaje, pero aun así le era posible hacer pequeñas cosas tales como tomar su forma animal o pequeños resquicios de sus habilidades. Solo esperaba no ser descubiertos por nadie, si no, estarían en un enorme problema.


-¿Como llegaste aqui? ¿Que haces aqui?
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Mensaje por Nicolas Green Miér Nov 25, 2015 1:23 pm

Escucho a su amigo y se removió en sus patas ansiosos por el alimento, el solo aroma que ahora estaba intensificado por su nariz canina hacia que Nicolás sintiese muchísimo más apetito, por lo cual ahora mismo estaba un tanto nervioso mirando al de cabellos verdes como la hierba de su país natal. Sonrió y tomo asiento como buen chico mirando al otro que ahora le cuestionaba de forma directa ¿Qué se suponía que le dijera? Le daba algo de miedo que el otro lo mandara de regreso a casa o bien le dijera que fuera a otro lugar porque ahí mismo era peligroso, después de todo el mismo lo consideraba así, pero Nicolás sabia cuidarse solo, no tenía miedo sin importar cuantos cazadores de brujas existieran. Soltó un par de ladridos de júbilo y salto de un lado a otro mientras abrían la caja con el alimento.

Gracias, y pues sí. Ya Salí en mi acoplamiento ¿A qué mola un montón? Estoy aquí porque te estaba buscando, quería ver cómo te iba y eso ” por que buscaba al peliverde era algo sencillo de explicar. Era porque Nicolás lo admiraba de sobre manera, él era su modelo a seguir o mejor dicho su héroe pues a pesar de ser casi de la misma edad el otro siempre era demasiado maduro, interesante y no iba por ahí haciendo el tonto como Nicolás. Por eso mismo lo había buscado nada más salir para su acopamiento, claro que el mismo había ido por ahí descubriendo múltiples cosas, pero lo que más le importaba era volver a ver a su amigo, además de que lo consideraba muy valiente y arriesgado por ir ahí sol, y por la misma razón él estaba ahí. Para mostrar que también era valiente como su compañero.

Comenzó a comer como un pequeño cachorro alimentado por su dueño hasta que escucho la autorización del mayor a transformarse nuevamente. Sin desactivar su escudo tomo rápidamente forma humana dejando ver su cabello castaño el cual estaba bastante largo a comparación de la última vez que se había visto con el otro, tomo las verduras con la mano descubierta y con una enrome sonrisa en el rostro, sus ropas estaban sucias por haber dormido en los bosques por tanto tiempo, su cabello enmarañado y su rostro lleno de cortadas y suciedad. Aun así sonreía de forma abierta y despreocupada tomando todo lo que ahí había. –Esto esta delicioso. –dijo al fin usando su voz después de un largo tiempo de estar convertido en un cachorro. -¿Qué es esa cosa con la que están cubiertas las verduras? –pregunto de forma natural mientras seguía comiendo sin preocuparse por sus modales frente al mayor, aunque probablemente sería reprendido por ello.

Llegue aquí a pie, está bastante lejos ¿sabes? Incluso tuve que nadar, pero tome mi forma animal más grande, algunas personas me vieron y se emocionaron al estar nadando. –dijo con emoción y después sonrió de nuevo para el mayor. –Ya te dije que te estaba buscando, los ancianos de la aldea me dijeron que lo más seguro es que vendrías aquí por tu tendencia a estudiar a todo el mundo, entonces pensé que si tu venias aquí yo también lo haría. Pero después me encontré con estos chicos que estaban pisoteando las flores y nos golpeamos y y y y termine así –dijo señalando su cara con las pequeñas cortadas. –aunque ahora están sanando y por suerte pude salvar a las flores con mi magia y le di una paliza a los chicos, la señora me agradeció y me ofreció un filete… pero los filetes no son lo mío, ya sabes. –comento con tono natural hablando de cosas que el otro seguro ni se habría imaginado aunque hablando de Nico todo era posible, después de todo el chico siempre se ponía en ese modo héroe cuando creía que había una injusticia, sin pensar las cosas o las consecuencias iba por ahí lanzándose a pelear con cualquiera que hiciera algo malo.

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Mensaje por N Armonia Mar Dic 29, 2015 7:34 pm

Suspiro pesadamente, dejando escapar aire que ni siquiera sabía tenia almacenado en sus pulmones, sintiéndose su alerta bajar un poco al notar la protección del hechicero castaño tan fuerte como siempre. Su mano paso distraídamente por sus cabellos verdosos, arreglándoselos para acomodar su gorro después, mirándole con sus ojos de color esmeralda, resignado. Si de verdad acababa de salir a su acoplamiento, no había nada que pudiera decirle, ni había forma en que pudiera obligarlo a regresar. El acoplamiento era un derecho único para cada habitante de su “Aldea” donde se le hacía salir de la misma para conocer el mundo exterior, el “real”.

Que tan lejos fueran, hasta donde llegaran, lo que hicieran, a quien vieran, a quien conocieran y con quienes se relacionaran, era algo que cada hechicero hacia a su gusto y placer. Una increíble libertar se les era otorgada a cambio de que cumplieran con un único requisito, jamás decir donde estaba la aldea. Su localización era un secreto total, un santuario dedicado a la madre Gaia en su totalidad, cada familia y persona ahí se entregaba a ella con respeto, jamás se permitía el acceso a nadie más que no fueran sus habitantes, y esa única regla había sido protegida por cada uno desde que se fundara el lugar, hacia tantos siglos ya.

Pero bien, volviendo a lo principal, esa misma falta de reglas o limitantes, hacían que el joven delante suya pudiera hacer lo que quisiera, como considerara mejor para él. Incluso alguien tan despreocupado y activo como lo era el chico, era incapaz de romper tan única y sagrada regla, que era un requerimiento esencial para permitir se practicara el acoplamiento. Ahora que Green estaba ahí, tenía que buscar la manera de hacer pasara desapercibido, de ser atrapado, de descubrirse su esencia mágica y su raza, estaría en peligro, peligro al cual el peliverde no quería exponerlo, como su amigo.


-Green, no era necesario lo hicieras… Pero bueno, gracias… Y es una vinagreta, se hace con aceite y vinagre. ¡Y come más despacio que vomitaras!

Observa al castaño, ahora transformado, notando los cambios en él. Sus facciones se habían vuelto más maduras, su cabello más largo, sus ropas estaban descuidadas y arañadas en algunos lados, sucias. Igualmente podía apreciar en sus manos y rostro cortes, contusiones y arañazos. Suspiro de nuevo, sintiéndose como alguien que cuidaba a un chico pequeño muy peleonero o descuidado y aventurero. Sin decir nada se sentó delante suya y empezó a rebuscar entre algunos de los bolsillos de su pantalón, sin sacar nada, solo reconociendo las formas con el tacto, hasta dar con lo que parecía buscar, sacando una semilla de color mármol, plantándola en el suelo y dejando la mano encima, emitiendo una luz verdosa.

-¿Nadaste? Hubieras tomado forma de cachorro y te hubieras colado en un barco de carga o algo, no debiste hacer algo así, te pudiste ahogar o poner en problemas… Ten cuidado Nico, no quiero termines siendo alimento de alguna arma o un kishin desquiciado…

Su mano dejo de emitir la luz verdosa luego de escuchar la historia del chico, revelando una pequeña mata de hojas donde antes hubiera plantado la semilla, como si hubieran salido de la nada, agarrándolas y sacando el mortero de donde lo había guardado. Puso las hojas dentro y empezó a machacarlas mientras dejaba al castaño comer, hasta hacer una pasta con ella, extendiéndosela al chico y sonriendo de lado, ya tranquilo


-Ponte esto en las heridas, se irán en minutos, y debemos pensar en qué hacer con tu ropa… Estas hecho un asco. ¿Pensabas dormir en el bosque esta noche o algo? Mejor ven a mi departamento y ahí igual te cambias y te conseguimos algo de ropa…

Sonreía de forma calmada y tranquila, observándola y esperando se aplicara el ungüento. No podía enojarse mucho con Nicolas, era su amigo, le conocía desde infantes y en esos momentos necesitaba su ayuda, a lo cual él le extendería la mano sin dudarlo, después de todo sabia el castaño haría lo mismo por el sin dudarlo ni un segundo de estar invertido los papeles. Primero, tendría que dejarlo decente, no podría estar por ahí con un chico que parecía lleno de azúcar y sucio como vagabundo, luego de eso, vería que quería hacer Nicolas y como proceder.
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Mensaje por Nicolas Green Miér Dic 30, 2015 1:06 pm

Seguía comiendo mientras miraba a su amigo con una sonrisa y asentía a lo que el mismo decía por lo cual disminuyo su velocidad al comer sin dejar de observar al peliverde esperando que este aceptara que esa velocidad era aceptable, para después con una sonrisa volver a comer aquellas delicias que su amigo había preparado. Comió todo lo del plato hasta que no hubo nada en el miso, después se dio cuenta de algo importante… aquella comida era de su amigo, lo que significaba que lo había dejado sin un solo bocado, levanto la vista hacia el mismo y le miro con una mueca de arrepentimiento.

¡Lo siento! –Grito –No era mi intención terminarme tu comida. –dijo mirándole con una mueca de nerviosismo y culpabilidad que sentía en aquellos momentos. Se levantó de golpe y después se sentó de nuevo trastabillando por un momento, había pasado tanto tiempo en su forma animal que de echo ahora mismo se sentía algo mareado en su cuerpo normal, se miró las manos y después negó con el rostro, no estaba tan acostumbrado a esta forma de andar por el mundo, al escuchar sus siguientes palabras miro al suelo y asintió, en otra ocasión habría dicho que él podía cuidarse solo, pero tratándose de él no podía hacerlo, porque para Nicolás las palabras de su amigo eran más pesadas que las de nadie. Porque talvez era al único a quien escuchaba.

Si, lo siento, tratare de ser más cuidadoso. –comento con voz medianamente reprendida y después recupero su sonrisa habitual y miro a su amigo tomando el ungüento que este le ofrecía y comenzó a untarlo en las heridas más visibles mientras sentía como rápidamente estas iban sanando. -¡Vaya! Esta rema es buenísima, yo tengo algo similar, pero no sana tan rápido, además de que es más trabajosa, debes decirme como la haces. –dijo entusiasmad y después se encogió un poco. –Bueno, eso si tú quieres. –dijo mirándole de reojo. Más cuando este le ofreció ir a su departamento abrió los ojos un tanto sorprendido. –Sí, iba a dormir en el bosque. –dijo mirando de nuevo al suelo. –No quiero ser un estorbo en tu casa –dijo mirando al suelo. –Si solo me dejas tomar un baño regresare a mi cueva en el bosque, no es incomoda. –dijo sonriendo y después se recostó en el césped. –Vaya aquí no se está nada mal ¿no? … ¿Qué tanto has visto? –pregunto levantándose de golpe. –Cuéntame algunas de tus historias como antes… -pidió con una sonrisa.

Había muchas cosas que Nicolás apreciaba, una de ellas eran las muchas historias y relatos que Armonía contaba de vez en cuando, porque de esa forma es que se había hecho a la idea de su acoplamiento, aun  recordaba las palabras del anciano, él lo había dicho claramente, aquel joven de cabellos verdes haría cosas grandes antes de volver a su aldea y por eso sería reconocido, porque haría un montón de cosas que nadie más lograría en años, el mismo Nicolás cada vez que escuchaba aquellos relatos se sentía completamente asombrado, llegando a considerar a su amigo como un modelo a seguir. Y aunque le emocionaba la idea de poder estar con el más tiempo, también se sentía un poco incómodo de resultar ser un estorbo, además de que probablemente el mayor se lo pasaría preocupado de que Nico hiciera algo tonto o fuera descubierto por los técnicos, eso los pondría en peligro sin lugar a dudas a ambos.

Naturia… -dijo en un susurro algo apenado. –Lo siento por haber venido, y lamento si en este momento te estoy poniendo en riesgo por lo peligroso de nuestra situación. Pero tienes que saber que he madurado y se cuidarme solo. Aun así –se agacho un poco y después levanto el rostro mirándole serio y con una sonrisa en el rostro. –Me gustaría conocer el mundo al igual que tú.
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Mensaje por N Armonia Jue Dic 31, 2015 8:28 pm

El peliverde negó con la cabeza mientras veía a su amigo bajar la velocidad con la cual degustaba la comida que había traído. La mezcla del alamar de haber visto al chico, junto con la preocupación por el mismo, le había hecho olvidar por completo cualquier sensación de hambre en sí mismo. Por lo cual, cuando el chico de castaña cabellera le hubiera pedido perdón por haberse acabado el almuerzo que en primer momento se había hecho para su persona, el joven Armonía negó con una mano y la cabeza, restándole importancia al asunto. De tener mucha hambre, fácilmente podría comer algo de entre las semillas que traía, su magia en pequeñas dosis no era detectada para nada, tal como hacer crecer el manojo de hierbas que había hecho para hacer el ungüento para su amigo, o de hacer crecer alguna zanahoria del suelo comer y olvidarse un rato de su hambre. Aun estando dentro de la misma academia, la cantidad de magia que empleaba para dichas acciones era  tan poca, que resultaba imperceptible a menos que alguien estuviera atento buscándole, o que fuera observado directamente.

Cuando observo como el castaño se ponía de pie, pudo apreciar que sus palabras anteriores eran ciertas. El chico debía de haber estado demasiado tiempo en su forma animal, dependiendo de ella para no ser detectada por el resto de las personas, de los técnicos de shibusen si se quería especificar. La forma en la cual parecía desorientado y desacostumbrado a su propio cuerpo, le hizo recordar lo difícil que había sido para sí mismo las primeras veces que hubiera estado fuera de la seguridad y comodidad de su hogar, en un mundo que no los aceptaba, por ninguna parte, rechazador por la sociedad como brujos que eran por naturaleza, repudiados por las brujas como traidores a los ideales que estas sostenían. No pertenecían a ningún lugar de ese mundo, más que a su propia aldea. Por ello mismo, debían ayudarse tanto como fuera posible, unos a otros, ya que después de todo, solo podían contar consigo mismos.


-Te enseñare después, solo es saber en qué punto las hierbas están en mejor condición y sus propiedades más desarrolladas, sin haberse pasado y que estas no empezaran a perder sus propiedades por culpa de la degradación de las células. Ósea, solo es usarlas cuando estén completamente maduras y surja mejor efecto…

El chico escucho al castaño, mientras le decía que no quería incomodarle, poniéndose el mismo peliverde de pie mientras acomodaba una de sus pulseras, suspirando por lo dicho por el chico. Sentía en su ser al mismo chico que hubiera conocido en la aldea, alguien enérgico y animado, que apreciaba la vida con locura, que quería exprimir cada mínima experiencia a su alcance. Un chico que daba todo de su mismo, siempre tratando de vivir como le gustaba, sin que le ataran, sin que lo retuvieran. Tal vez el mismo Nicolás no se diera cuenta, de la fuerza que aquella energía y personalidad que poseía, esa forma de ser que le llevaría tan lejos como su mismo corazón e ideales se propusieran a ir.

-No seas cabeza dura… Te quedaras en mi casa en lo que decidas quedarte en Death City… Tu aun eres un chico inmaduro

Las palabras del peliverde eran serias, serenas, mientras observaba con sus ojos del color de las esmeraldas al joven Green. Su mirada era seria, calculada y estudiosa, como si buscara hacer que el chico entrara en razón y aceptara quedarse con él. ¿Acaso quería que el otro brujo aceptara que aún no estaba listo para todo eso? ¿Qué regresara a casa? ¿Qué volviera a la seguridad de la aldea donde pudiera ser protegido por sus parecidos? Eso parecía ser lo que ocurría, lo que el joven Armonía pensaba, al menos hasta que una sonrisa escapo de sus labios, ladeando el rostro y observándolo.

-¿Para qué rayos crees que es el acoplamiento? Sabrás cuidarte solo, no lo dudo, pero ni tu ni yo nos podemos considerar maduros… Somos unos cachorros que acaban de salir del nido de su madre, para darse cuenta que son una pequeña existencia en medio de un bosque tan enorme que no podemos ver su final… El acoplamiento, es la fe de nuestros predecesores en que haremos lo mejor que podamos, en que tomaremos cada experiencia que tengamos en este enorme mundo que es tan diferente a nuestro hogar, y en que seguiremos nuestros ideales para hacer lo mejor por la madre Gaia…

Una sonrisa confiada y tranquila adorno los labios del peliverde, mientras veía a su amigo. ¿Acaso no lo entendía? Era el deber de ambos explorar, aventurarse, descubrir tanto como pudieran, llegar hasta donde lo lograran, conocer tanto como quisieran. Todo eso, era el objetivo de que hubieran salido de su aldea, de que hubieran optado por salir de aquel bello lugar tan lleno de vida y magia, tan seguro y fantástico, para adentrarse en las fauces de la realidad, de un mundo donde no todos compartían sus ideales, donde las personas se preocupaban por sí mismas, donde el hombre se había extendido, pasando sobre quien pasara, con el único deseo de lograr lo mejor para sí mismo. ¿Por qué? Porque necesitaban vivir en la realidad, para poder ser hechiceros de verdad.

-Nadie Nicolás, nadie, puede decirte que hacer, desde el momento en que pusiste un pie fuera de la aldea, eres dueño de ti mismo, de las decisiones que hagas y de las consecuencias que estas traigan. Corre tanto como quieras, ve a los lugares que quieras. Crea tu propia historia, no solo escuches las mias. Y cuando lo hayas hecho, vayamos al herbolario del Maestro, junto al gran Roble de Dagda, y me contaras todo lo que has visto y hecho… Mientras tanto… Te quedaras conmigo en lo que estes aquí, ¿Vale? Por que el que ahora estemos fuera de la aldea, no es que estemos solos, aun contamos con los unos con los otros... Y se harias lo mismo por mi, asi que acepta lo que te ofrezco y te preparare el sofa llegando
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Mensaje por Nicolas Green Miér Ene 06, 2016 1:47 pm

Atendió a cada palabra del peliverde y sonreía de forma amplia, cualquiera que los viera no dirían que tenían la misma edad, cualquiera que los conociera pensaría que Nicolás era solo un niño al lado de su hermano mayor, y a pesar de que habían crecido juntos habían muchas diferencias mercables entre ambos, una de ellas y tal vez la más importante es que desde pequeño Naturia había sido demasiado curioso mientras que Nicolás se lo pasaba tratando de pelear con otros compañeros y aun ahora Nicolás era como un crio que necesitaba ser instruido, pero sinceramente no le importan, porque admiraba demasiado a su amigo como para sentir celos u otra cosa. –Echo, es un trato, me tienes que enseñar. –dijo un entusiasmado Nico mientras se ponía de pie y comenzaba a dar un par de saltos para poder acostumbrarse nuevamente a su forma humana.

Soltó una risa al escuchar a su amigo acerca de que aún era un chico inmaduro, eso era cierto, muchas veces se dejaba llevar más por la curiosidad y la aventura que la razón y eso lo había dejado bastante claro aquel día al haber llegado de la nada a la escuela donde el otro estudiaba y era obvio que no apreciaban para nada a los brujos, al menos no brujos como ellos que en realidad no planeaban hacer el mal, y aunque tampoco darían casa a los suyos, era obvio que no podían permitirse decir quienes era o que eran, solo por su propia seguridad, Nico sabia de ello, y aunque hacía años que habían huido de su país por la matanza de brujas, los estragos de aquellos negros recuerdos aun perduraban en la cabeza de sus padres quienes le decían que tenía que cuidarse totalmente de los humanos.

En eso tienes toda la razón, me refiero a lo de ser cachorros. –soltó una risa al recordar que hacía unos minutos había sido un cachorro solamente, y sabía que de esa forma podía llegar a causar cierta ternura entre los humanos, pero aun así no debía aprovecharse demasiado de la situación. –N, de hecho iré a España. –soltó con una sonrisa, desde que sus padres habían dejado su país natal el nunca había vuelto, sabía que la caza de brujas seguía ahí más amplia y diligente que antes, pero aun así, había escuchado historias maravillosas de aquel lugar por su madre y moría de ganas por conocer dicho lugar. –Sé que es peligroso aun, más porque podrían reconocerme ya que según mi madre soy una gota de agua a con mi padre… pero quiero conocer ese lugar. –dijo seguro de sí mismo. –Pero antes creo que debo tratar de acostumbrarme a los humanos, aunque solo sea un poco. Así que si amigo, acepto quedarme un tiempo contigo, dudo que sea demasiado. –dijo asintiendo, después de todo no quería abusar de aquella confianza que el otro ponía en Nico.

Aun así… me gustaría escuchar tus historias. –comento, más que no poder crear su propia historia, quería poder crear historias diferentes a las de su amigo. –Veras que algún día te contare unas historias fantásticas también. –comento con total seguridad mientras sonreía de forma abierta para el peliverde, dejando ver la mueca de un chiquillo, más que el chico de 16 años que era.
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Mensaje por N Armonia Miér Ene 06, 2016 4:43 pm

Cualquier preocupación por que el menor se tomara a mal sus palabras fue rápidamente borrada por la relajada personalidad del chico. Ellos dos tenían la misma edad, habían crecido de forma similares, pero no habían salido siquiera parecidos. Green era más natural en su expresar, decía lo que sentía, hacia lo que deseaba sin pensarlo mucho, era una personalidad que no debía relacionarse con la inocencia ni la ingenuidad, si no con la energía y seguridad. El peliverde era diferente en ellos. Él pensaba mucho las cosas, su mente siempre tenía en mente las consecuencias de sus actos, recordándole las cosas que podrían salir bien o mal y actuar conforme a eso. El igual podía ser impulsivo y entregado, pero en niveles menores a los del castaño, él era más precavido e inseguro que Green, eso lo sabía bien.

-Vaya, eso genial, pase por ahí un tiempo, por una zona montañosa, era muy hermosa, hay pueblos que se mezclan muy bien con la naturaleza y muy tradicionales, me permitieron ayudar en un pueblo a hacer Queso, fue muy divertido.

El peliverde rio mientras miraba al castaño. Green podía querer viajar por el mundo, ese era el dese natural de todos los que salían de la Aldea. N había salido antes, ya había recorrido variadas partes del mundo, varios países. Había recorrido el resto de Irlanda, de España, de Francia, otros países europeos, asiáticos, africanos y americanos. El chico había visto cosas hermosas, había visto cosas horribles, había disfrutado de paisajes y sufrido al ver el paso del hombre. Seguramente el castaño observaría cosas más hermosas, y tal vez igual más horribles. Solo esperaba que su amigo no fuera tan afectado por ello, ya que había zonas donde la contaminación era tan fuerte, el daño a la madre Gaia tan profundo, que en su persona había causado un gran dolor, un dolor nacido por su estrecha relación con la naturaleza. De corazón deseaba que Green viera mejores lugares que los que había visto él.

¿Cómo es que los brujos de su Aldea podían viajar tan libremente en el mundo de aquella forma? Era sencillo de pensar en realidad. Ellos podían hablar con la naturaleza, podían hacer las plantas crecer, entenderse con los animales, habilidades básicas que existían en su pueblo natal. Ellos nunca se perdían, por que podían preguntarle a cualquier animal por indicaciones, un perro callejero, un ratón perdido, un ave que volara cerca de ellos. Era muy difícil que les diera hambre, con solo una pequeña porción de tierra podían plantar semillas para hacerlas crecer de golpe, y así comer vegetales de diversos tipos o frutas, siendo esa la base de su dieta, al menos para el peliverde. Ellos eran uno con la naturaleza, ella los protegía, les daba su apoyo, y de esa manera, podían recorrer toda la extensión de la tierra sin problemas, porque era la misma tierra quien los protegía.


-Quédate lo que necesites y cuanto gustes, no te preocupes. Solo que no siempre estaré presente, ayudo en una pequeña florería de vez en cuando y una herbolaria. Igualmente tengo que ir a clases y…

El chico abrió los ojos de impresión de repente, llevándose las manos a la cabeza, sosteniéndosela mientras suelta una leve maldición en irlandés. Se había olvidado por completo de las clases. No solo era por que debería dejar solo a Nicolás mientras estuviera en ellas, sino porque también estaban en medio de ellas en esos momentos. El receso dentro de poco acabaría y tendría que volver a su salón, no podía faltar así como así por las clases. En ese caso, no tenía tiempo de bajar hasta la ciudad y dejar a Nicolás en su casa para luego volver. Sencillamente no tenia el tiempo suficiente, si se iba perdería las clases y se materia en problemas. El joven de verdes cabellos alzo la mirada al cielo, observando la posición del sol, dándose una leve idea de la hora solo por ello, igual teniendo en cuenta el tiempo que debía haber pasado ya desde que hubiera comenzado su almuerzo.

-Ah, rayos, Nico… Podrás… ¿Podrás estar bien por aquí mientras estoy dentro? Tengo que regresar a clases… No tengo tiempo de llevarte a mi casa ahora mismo. Bueno… Creo que si podría saltarme las clases para llevarte, igual solo sería medio día…

El joven de verdes cabellos llevo su mano a la parte trasera de su cabeza, rascándola mientras pensaba. En realidad si podía faltar, llevarlo igual a conocer la ciudad, aprovechar el tiempo libre para que se comprara algo de ropa en alguna tienda, no podía solo dejarlo ir por así en su estado, también que se tomara un baño. El peliverde suspiro mientras se ponía a pensar, girando la vista un poco para mirar en direcciona donde la gente aun pasaba, mientras sopesaba sus posibilidades.
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Mensaje por Nicolas Green Sáb Ene 09, 2016 3:54 pm

Escuchaba las palabras del mayor con suma atención, sonriendo con orgullo y antelación, se había imaginado un montón de veces a si mismo viajando por el mundo, observando los rústicos lugares y aunque no quisiera admitirlo quería conocer los lugares que habían sido arrasados por el hombre, no sería la primer vez que lo viera y sin lugar a dudas seguiría siempre sintiéndose igual. Lo había visto la primer vez que había viajado, antes de ir en busca del peliverde había ido por ahí a conocer algunas de las ciudades más pobladas de Francia, su capital, parís le había dejado con un sabor amargo en la boca, la basura, los malos olores, el smoke en las calles y la gente, o la gente es lo que más lo había decepcionado, como si no les importara el tipo de suciedad donde Vivian, se sentía tan miserable en ese lugar, se sentía… ¿Cómo decirlo? Decepcionado.

Es por eso que al escuchar de la boca del otro que España no se veía aun así le hacía sentirse un poco mejor, sin lugar a dudas quería poder conocer aquel lugar observar las plantas que en el mismo crecían, los aromas y fragancias que su país y ciudad natal ofrecían, el poder saber correctamente que es todo lo que aquel destino deparaba, pero sin estar del todo seguro de hacer lo correcto, pero con unas enormes ansias de hacerlo. Una sonrisa imborrable del rostro del castaño perduraba ante cada palabra de Naturia, podía decirlo en voz alta o solo guardárselo, pero sabía que el otro había visto lugares como parís, y aquel a quien Nicolás recordaba cómo alguien romántico y sincero le parecía que hubiera sufrido tanto o más que si mismo al descubrir la inocencia de la gente al destruir a la madre Gaia que les regalaba todo, que les regalaba la vida con aquella hermosura que había dejado para el hombre y ¿qué era lo que los humanos hacían? Destruían el lugar como si no les importase en lo más mínimo. Porque al parecer era así, no les importaba en lo más mínimo, destruían el único mundo que tenían.

Pero trato de alejar aquellas imágenes de su cabeza por un momento, sabía que aun había cosas peores y las quería descubrir todas, quería poder regresar a su aldea y llamarlos a todos, quería poder decirles que se pusieran en marcha, que todos y cada uno de los aldeanos ayudaran con la reconstrucción de aquella hermosa tierra, quería poder hacer eso, poder vivir una vida sin arrepentimientos y para ello tenía que poder ayudar aunque solo fuese un poco a su hermosa tierra, poder aunque solo fuese por un momento regresarle un poco de lo que ella les brindaba. Esa era una de las razones por las cuales había buscado al peliverde, porque necesitaba un aliado en aquella lucha que planeaba comenzar y ¿quién mejor que él? Nadie.

Y antes de que pudiera comenzar a explicar su plan el peliverde volvió a hablar. – ¿Clases? –pregunto mirándolo con curiosidad, aunque no le sorprendía, el otro siempre había sido bastante estudioso a diferencia de Nico, quien siempre se es cateaba de clases cada vez que podía. Y entonces cuando escucho que el otro decía lo mismo negó con el rostro sonriendo abiertamente. –no dejare que te saltes tus clases N, ve a ellas poder sobrevivir que… dos o tres horas sin ti. Lo he hecho desde que llegue aquí. –comentó con una sonrisa divertida en el rostro mientras se ponía de pie en un salto. –Así que ve a ellas, yo iré a conocer los alrededores de tu escuela. Cuando salgas búscame con esto. –comento entregando a su amigo una semilla. –son semillas especiales del bosque de Irlanda, son como las que usábamos de niños para comunicarnos ¿recuerdas? Estas semillas son diferentes porque nacieron juntas lo que hace que si imprimes solo un poco de magia puedas rastrear donde está la otra. Así no estarás preocupado de que me pierda ¿no? –comento con un amplia sonrisa para el peliverde mientras se ponía a estirar un poco. –Así que ve con confianza. No te preocupes demasiado por mí.

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Mensaje por N Armonia Sáb Ene 09, 2016 9:10 pm

Un suspiro suave escapo de sus labios mientras escuchaba las palabras del joven castaño. Era verdad que debía de tener en mente ahora que Nico no dependía de él. Si el joven mago de naturaleza perruna había salido de la aldea, era porque se le había considerado lo suficientemente autosuficiente y maduro para poder recorrer el mundo a su antojo. Nicolás, a pesar de lo que podía parecer con su personalidad tranquila y relajada, ya poseía las habilidades que lo hacían merecedor del líder de su aldea para recorrer el mundo, ya que para ello, era necesario que el anciano creador de la aldea, les considerara lo suficientemente dignos, a través de diferentes consideraciones que los habían acreedores o no, al derecho de explorar el mundo. Por ello mismo era que había situaciones donde los nacidos en aquella aldea salían siendo jóvenes, apenas 12 o 13 años eran los casos más conocidos. Otras ocasiones salían siendo ya mayores, 20 años o más. El ritual en si no era algo que mostrara la madurez física, si no el desarrollo espiritual y mental del hechicero druida que aceptara cruzar aquella travesía.

-Está bien, solo ten cuidado, ya sabrás tu si te mantienes en forma de animal o humano, pero nada de magia frente a nadie, si la necesitas hacer hazlo cuando estés lejos de todo y estés seguro que nadie te mira…

Tomo la semilla y la observo de manera detenida unos instantes, sonriendo suavemente al sentirla entre sus dedos. Aquella semilla le traía una curiosa y satisfactoria mescla de recuerdos y sensaciones. Los recuerdos eran de él mismo junto a Nico y tantos otros niños jugando a las escondidas en los bosques, siempre llevaban esas semillas para poder mandarse mensajes mientras se escabullían entre los árboles, sin temor a esconderse o ser atacado por animales, nunca pasaba eso. La misma naturaleza de su magia les permitía poder calmar animales, por lo cual nunca les atacaban, y si necesitaban ubicarse en el bosque, la misma naturaleza les podía ayudar a ello.

En cuando a las sensaciones, tener una semilla proveniente de su misma tierra de nacimiento le traía a N una gran tranquilidad. La observo con una tenue sonrisa, guardándola en el interior de sus ropas, junto a tantas otras, pero notándola aun ahí, sobresaliendo de las semillas que traía consigo que había conseguido en sus viajes. Aquella semilla de su tierra natal le transmitía la sensación de estar en los verdes campos, bajo el suave sol, con grandes árboles a la vista, hermosas montañas a lo lejos, la naturaleza que de pequeño le había abrazado y congraciado, regresando de forma efímera a sus sentidos.


-Cualquier cosa avísame… Igual si quieres conocer la ciudad hazlo, con esto ya podre encontrarte…

Sonrió suavemente, negando, sintiendo aun esa punzada de preocupación por su amigo. Ese era tal vez uno de sus defectos, quería abarcar demasiado, pensaba que como ser humano, era su deber ayudar en todo lo que pudiera, a quien pudiera, ya fuera su asunto o no, su responsabilidad o no. Podría ser incluso hasta entrometido esa forma de pensar, pero aun así se sentía así en muchas ocasiones, mas no en todas. Miro al muchacho de cabellos castaños, para luego guardar todo lo que había sacado, acomodándose la gorra dejando su cabello caer por su espalda atado en aquella coleta baja que siempre traía. Miro al chico castaño una vez más para sonreír de lado.

-Solo que no te sorprenda si la gente te mira extraño… En serio tus ropas están hechas un desastre…

Rebusco en su bolsillo un poco, hasta sacar de él su cartera. Con calma la abrió y agarro algunos billetes de su interior, debían ser cerca de 200 Deathdolares, lo que equivalía al sustento que les daba semanalmente a los estudiantes de Shibusen que iban a NOT, como era su caso. Ese dinero era fácilmente desprendible del peliverde gracias a dos hechos. El primero, sus necesidades básicas, incluyendo alimentación, requerían en realidad muy poco presupuesto, ya que el mismo podía hacer crecer su alimento de la tierra en cuestión de instantes y siendo que no consumía carnes de ningún tipo. Segundo, él trabajaba en la ciudad valiéndose de sus conocimientos y habilidades con las plantas, lo que hacía que ganara dinero extra que casi siempre ahorraba para gastarlo en semillas o alguna cosilla que encontrara por ahí que fuera de su gusto. Por ello mismo, darle ese dinero a su amigo para que se fuera a comprar algo de ropa, era totalmente viable.

-Toma, esto debería bastar para comprarte algo decente, busca alguna tienda y elije lo que te guste, luego podemos volver a ir.

Sonrió a su amigo, el cual suponía no debía de tener ni un solo dólar consigo, después de todo ya le había mostrado que había llegado muriéndose de hambre, que había tenido que llegar nadando y que su apariencia de cachorro le había ganado algún alimento suelto por parte de las personas que se apiadaran. Una vez le hubiera dado el dinero al chico, sonrió suave ladeando el rostro, llegando otra idea a su mente que igual era muy probable fuera real. La comida que había traído consigo, era un simple almuerzo para borrar el hambre un rato. Por otro lado, el castaño debía de haber llegado famélico por la forma en que le había visto.

-Y con lo que sobre compras algo de comer… Hay tiendas naturistas en la ciudad, y no debes usar tu magia lo más que se pueda, así que ve y encuentra algo que te guste.
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Mensaje por Nicolas Green Mar Ene 19, 2016 11:14 am

Asentía a las palabras del otro, con una sonrisa en el rostro, aquella situación le traía muchos y viejos recuerdos, después de todo a pesar de que tenían la misma edad N siempre era quien se había encargado de cuidarle cuando no estaba con sus hermanos, porque el chico siempre haya mostrado habilidades de líder, habilidades que claramente Nicolás no tenía y tampoco es que las buscara demasiado, después de todo el respetaba al otro y a veces sentía que el seria el próximo líder de su aldea, aunque aún faltaban muchísimos años para que ese momento llegara. –supongo que me mantendré como humano, o si no después no recuerdo como caminar. –comento mientras daba otro salto acostumbrado ya a su cuerpo nuevamente. Cuando niño le mostraban ejercicios para las manos, piernas y demás, para así acostumbrarse fácilmente a su cuerpo humano, después de todo, Nicolás se lo pasaba la mayor parte del tiempo en su forma animal. A pesar de los reclamos de todos los demás, pues para Nicolás, aquella forma era más cómoda.

Creo que iré a buscar un poco de ropa, después algo de comida y finalmente trepare en algún árbol para dormir mientras te espero. –una amplia sonrisa se posó en los labios del castaño mientras levantaba el puño acercándolo a su amigo para chocarlo, una clara maniobra de camaradería. –Así que animo en tus clases N, ya nos veremos más tarde. –comento tomando el dinero que el chico le ofrecía y mirándolo con cuidado y después mirando a su amigo con algo de incredulidad y vergüenza. –Esto… no se cuanto sea aquí. –comento con una sonrisa atolondrada, no conocía el sistema de divisas en américa, lo conocía en Europa e incluso en Asia, pero en américa no sabía cómo funcionaba demasiado bien el dinero, no conocía el valor y sabía que podrían robarlo fácilmente. –Creo que será mejor si la ropa la compro junto contigo y lavo estas en algún rio, no creo que me cueste trabajo encontrarlo. –comento entregando el dinero de vuelta al peliverde. –Además tengo mi propio dinero. –comento sacando un pequeño costalito con dinero. –Pero no lo he usado por la misma razón. –indico apenado.

Con los variados trabajos que realizaba al día para las señoras, así como la fertilización de plantas, el chico se había vuelto demasiado conocido para todas las personas que contaban con algún jardín, o plantas de verduras. Por lo cual le pagaban, aunque el chico normalmente solo les pedía los alimentos, mucha gente le seguía dando dinero, dinero que hasta el momento Nicolás no había gastado, porque no había nadie que le mostrara un poco sobre las divisas americanas. Cuando había estado en Europa un ´poco había aprendido sobre las mismas, pero aún se perdía un poco cuando a ese tema se refería. –Bueno, entonces me voy. –comento levantando un puño al cielo. -¡Animo! Nos vemos después. –su sonrisa podría iluminar una calle y su energía alimentar toda una ciudad. Así sin más se dio media vuelta echando a correr hacia las escaleras del shibusen y saltando sobre estas para evitar bajarlas, llamando la atención de algunas personas. Trataría de no meterse en problemas, todo por el bien de los nervios de N.  
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Mensaje por N Armonia Miér Ene 20, 2016 10:52 pm

Un pestañeo curioso se presentó en los ojos del peliverde, mientras escuchaba a su amigo negar el dinero que le ofrecía. Primeramente la idea de que se tratase de algo sobre el orgullo le vino a la cabeza, pero eso resultaría muy contrario a la común personalidad que poseía el joven de castaños cabellos, al cual conocía lo suficientemente bien, tantos años no pasan en balde, para saber que el orgullo o arrogancia no eran cosas comunes en él. Aun así, al escuchar el motivo por el cual el chico rechazaba su oferta para que se pudiera comprar ropas nuevas, el joven brujo de Shibusen no pudo si no negar con un dejo de diversión.

No debía olvidar que de igual forma, cuando apenas acabara de salir y conocer el mundo exterior, su mente se llenó de tantas cosas desconocidas y nuevas que tomo su tiempo para poder procesarlas todas. Podía haber leído algo de ello en libros, los cuales existían en su aldea y hablaban sobre el exterior y cosas generales, pero era totalmente diferente el experimentarlo de manera directa, como había sucedido cuando diera sus primeros pasos fuera de la aldea. En su aldea todo era apoyo, cooperación, empatía y respeto. Su aldea se podía considerar una casi utopía, el término podría acercarse bastante a la realidad de su hogar, solo que difería en ciertos aspectos que por el momento no valía la pena recordar

Algunas de esas cosas que le habían sorprendido, entre otras, era la organización política de las ciudades y países, la forma de recolección de productos, sus servicios públicos y, no se podría olvidar, su sistema monetario. Todas aquellas formas eran diferentes a lo que acostumbraba el Armonía y que había dedicado tiempo a comprender tanto como le fuera posible, en parte por su innata curiosidad que le llevaba a querer saber de todo, y en parte por la necesidad de poder ser discreto al mostrarse a otros humanos, para evitar descubrieran su anormal ascendencia hechicera. Su tiempo le había costado, pero de cuantos problemas le había salvado… Y ahora se daba cuenta que podría darle una utilidad más, dándole los conocimientos necesarios para explicarle a su amigo sobre esos tema
-Bien… Entonces igual después te explicare algunas cosas sobre las divisas y otras cosas… Debes poder guiarte bien en cualquier lugar al que vayas...-Suspiro el peliverde, guardándose el dinero sin quitar aquella sonrisa tranquila de su rostro, dando un vistazo veloz hacia atrás, por donde pudiera venir alguna persona, regresándolo a Nicolas, pensando en su aspecto y suspirando por poco poder hacer al respecto en esos momentos.-Tratare de responder cualquier duda que tengas y que este en mi poder el poder contestar, así que ve pensando algo que no sepas o te haya extrañado y veamos si puedo explicártelo…-

El peliverde era una biblioteca andante prácticamente, tenía decenas de libretas y apuntes desde que hubiera salido de la aldea, todos guardados en su departamento, en un baúl viejo que había conseguido en la misma ciudad en una tienda de antigüedades. Debido a su manía de apuntar todo lo que aprendía y le resultara interesante o relevante, había logrado recolectar rápidamente información que le sirvió a futuro, ya fuera cosas sencillas sobre los deportes que se practicaban en el mundo, o hasta datos sobre personajes famosos que aparecían en museos o parecidos.-Bueno, entonces ten cuidado, no uses tu magia, trata de pasar desapercibido y apenas acabe pasare a buscarte…-Recordando la semilla que acababa de recibir y que ya había guardado para tener en mano apenas la llegara a necesitar.

Despidiéndose de su amigo, el peliverde se dio media vuelta y hecho a andar hacia la entrada de la academia, mirando su reloj y notando apenas llegaría a tiempo a su clase, acelerando un poco el paso para asegurarse de lograrlo. En su mente ya organizaba sus ideas, sobre a donde llevar a Nico aquella tarde. Primero a por ropa, luego enseñándole puntos importantes de la ciudad, después donde vivía y otras cosas que le sirvieran cuando visitara Death City, para que de esa forma no necesitara de él y pudiera guiarse tranquilo por el lugar. Pero bueno, solo esperaba su amigo no se metiera en problemas mientras estaba en la ciudad, esperando pudiera seguir con su viaje, como tenía planeado, sin ningún inconveniente.
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